
He vivido 25 años en Estados Unidos. No como turista ni como observadora ocasional, sino como alguien que ha hecho allí la mayor parte de su vida. Estudié, trabajé, pagué impuestos, tuve a mi hija, me naturalicé estadounidense. También maldije su política mil millones de veces. Ahora he vuelto a España y, desde aquí, veo las noticias sobre Estados Unidos con una inquietud que me entristece: ¿por qué apenas se indaga sobre la resistencia civil cotidiana frente a la crueldad institucional? ¿Por qué parece que solo existe la maquinaria —el ICE, redadas, miedo— y no las manos que intentan amortiguar su violencia?