Las relaciones entre padres e hijos siempre han tenido algo de territorio minado. El padre y la madre poseen una llave que da acceso a zonas del hijo a las que nadie más puede entrar. Una intimidad fundacional. Sin embargo, cada vez son más las personas que deciden romper ese vínculo y tirar la llave a la basura. Es difícil cuantificar cuántos hijos están dejando de hablar con los padres, aunque hay algunos estudios que apuntan a un constante aumento durante los últimos años. En 2020, el 27% de los estadounidenses mayores de 18 años estaban distanciados de un familiar, según datos recogidos por Karl Pillemer, profesor de la Universidad de Cornell. En agosto del año pasado, una encuesta de YouGov indicó que el 38% de los adultos estadounidenses estaban separados de un miembro de la familia: de un hermano el 24%, de un padre el 16%, de un hijo el 10%, de un abuelo el 9% y de un nieto el 6%.