
Una madrugada de diciembre, José Salas dio por terminadas las Dos Fridas. Miden cinco metros de altura y están construidas con los materiales que dicta la tradición de los monigotes gigantes: un quintal de papel, 60 planchas de cartón, medio quintal de almidón, unas 40 tiras de madera y varios litros de pintura. Inspiradas en el célebre autorretrato de Frida Kahlo, las figuras tienen los corazones expuestos, bajo el cielo tormentoso del inicio del invierno guayaquileño. Para Salas, como para muchos artesanos locales, construir estos monigotes es mucho más que un ejercicio de destreza: es una manera de conservar una tradición que marca el cierre del año en Guayaquil.