Un golpe seco se oye cada poco en la plaza de la República de Belém (Brasil), la ciudad en la desembocadura del Amazonas en la que se ha celebrado la cumbre del clima de este año. Tras el golpe, cualquier paseante se acerca tranquilo, se agacha, coge del suelo un fruto anaranjado, lo huele y se lo guarda para comérselo luego. Son mangas, muy parecidas al mango, y caen del cielo.