La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro parece haber envalentonado a Donald Trump. Desde la operación militar de su país el pasado sábado, el presidente estadounidense, cuyo fuerte nunca ha sido la sutileza, ha redoblado la dureza de su retórica. Mientras trata de coaccionar al nuevo liderazgo venezolano para que obedezca a Washington a pies juntillas, lanza amenazas cada vez más abiertas sobre la posibilidad de operaciones similares en otros países de América Latina —incluidos aliados como México o Colombia— y vuelve a hablar de sus ambiciones hacia Groenlandia.