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El puto amo

Si alguien le preguntara qué es una subordinada, imagino que el señor Trumpf diría bueno, cualquier mujer, para eso son mujeres —o algo así—. Y hasta podría aclarar que no es machismo: que si le preguntaran qué es un subordinado diría bueno, cualquier hombre, para eso soy el puto amo. Pero el problema de las subordinadas sigue allí: se ve que el señor Trumpf, que todavía no aprendió que las frases tienen sujeto y predicado, no llegará nunca a esa complejidad menor, que cualquier niño usa: incluir en su frase una subordinada, que cualquier niño en USA usa.

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