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Carta abierta de Gustavo Gatica

El pasado martes 13 de enero fue un día duro y contradictorio. Luego de estar tres horas sentado escuchando el fallo de las y los jueces, Claudio Crespo, el mismo hombre que me disparó a la cara hace poco más de seis años, cuyas municiones cegaron mis dos ojos para siempre, salía del tribunal como un hombre libre.

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